lunes, 18 de agosto de 2014

VESTA -DIOSA DEL HOGAR- Y LAS VESTALES

VESTAL


Buen día, como siempre que se desea a alguien al empezar una jornada, eso es lo que deseo, bueno, empezar y que termine, igualmente.
La que evidentemente, empieza pero no acaba, soy yo, con la cantidad de temas que tengo para comentar en este pequeño espacio -post-, que es mas o menos un artículo, aquella forma suena como mas virtual, y que viene a resumir una historia, hecho o circunstancia.
El que todos conocéis bajo el titulo de www.purakastiga.blogspot.com tiene una marcada tendencia cultural; es por ello que en el mismo tiene cabida la historia, el arte, en todas sus manifestaciones, y todo aquello que, modestamente, considero os puede interesar.

Hestia, diosa del hogar griega

Es por ello que hoy me voy a acompañar a VESTA, la mitología me encanta, conocida como Diosa del Hogar, y que se representa con una llama o como una mujer apropiadamente vestida -después me referiré a su vestimenta-.
En griego su nombre es Hestia, que significa "hogar de la casa". Es una diosa que pese a tener la capacidad de seducir a todo aquel que se le insinúa, prefiere mantenerse virgen. Los griegos invocaban a Hestia en todos sus sacrificios, y su culto se concreta en mantener siempre viva la llama encendida en su honor, procurando que jamás se apague.


Las Vestales, originariamente, y en la religión de la Antigua Roma, es probable que fueran dos, si bien llegaron a cuatro en tiempos de Plutarco y mas tarde a seis.
El orden y continuidad, así como la seguridad de del Imperio de Roma dependía de estas sacerdotisas y de su peculiar trabajo: mantener viva la llama de Vesta. Dentro del mundo sacerdotal romano eran, evidentemente una excepción, pues todos los cargos de relevancia, tanto religiosa como política, estaban ejercidos por hombres. 

Busto

Relieve


Era condición necesaria para ser Vestal el que debían ser vírgenes, de padres legítimos y poseedoras de una delicada belleza. La selección de las mismas las llevaba a cabo el Pontífice Máximo, entre los seis y los diez años. Como ya he comentado anteriormente, su labor, prácticamente, exclusiva, era la de mantener encendido el fuego sagrado del Templo de Vesta, que se encontraba situado en el Foro Romano, por lo que vivían prácticamente aisladas del mundo exterior.
Como consecuencia de ello, no podían casarse, ni tener hijos, y por supuesto debían hacer voto de castidad, ocupándose de aquellos rituales sacerdotales que no ejercitaban los sacerdotes masculinos, como era la preparación de la mola salsa, que se empleaba en los sacrificios. Su rostro permanecía cubierto por un velo que portaban en la cabeza e igualmente iban provistas de una lámpara encendida entre sus manos.

¡Maravilloso!

Cuando una joven era seleccionada para vestal era separada, de todo y para siempre, de su familia, se le llevaba al templo en el que le eran cortados los cabellos y donde se la suspendía de un árbol, cuyo significado venía a decirnos que ya para nada dependía de su familia, de todo aquello que hasta el momento le había unido al mundo.
Una vestal podía ejercer su cargo durante treinta años, de los cuales, los diez primeros, estaban destinados a conocer sus deberes y obligaciones, los diez siguientes al servicio como vestal, y los diez últimos a servir de enseñar a las nuevas vestales que se iban incorporando. Una vez transcurrido este periodo de tiempo podían contraer matrimonio, pero escasas o casi nulas son prácticamente las referencias a vestales que contrajeron matrimonio, sino que, fundamentalmente, se mantenían célibes para el resto de sus vidas dentro del tempo, hasta su fallecimiento.

Relieve de vestal


Si su ocupación fundamental era la de mantener viva la llama de Vesta, y si esta se apagaba estando una vestal encargada de ello, salvo que se confirmara que fuera por causa fundamental, y no por negligencia de aquélla, era azotada.
Entre sus privilegios se encontraba el absolver a un condenado a muerte, cuando siendo conducido al cadalso, se la encontraba casualmente.
Mas uno de sus mas graves delitos era el de perder su virginidad, incluso peor que el hecho de que se le apagase la llama de Vesta, pues el castigo era la lapidación; este castigo fue posteriormente sustituido por el decapitamiento, y en último lugar, al enterramiento en vida y a su compañero se le condenaba igualmente a muerte.
Fue el emperador Teodosio el Grande el que en el año 394 acabó con tal culto.

Vestal condenada

Restos de Casa de las Vestales

Es ahora cuando nos detendremos, por unos momentos, en describir el "uniforme" de una vestal, consistente en una ínfula, un sufíbulo y una palla. La ínfula consistía en una especie de venda, que igualmente utilizaban los sacerdotes, siendo la de las vestales de lana blanca. El sufíbulo era un velo blanco de lana que era empleado durante rituales y sacrificios, debajo del mismo, generalmente, portaban cintas de lana de color rojo y blanco, simbolizando, la primera el compromiso de las vestales de mantener viva la llama de Vesta y, la segunda, su voto de pureza. La palla era un chal largo, que también vestían las mujeres romanas y que se recogía con un alfiler sobre su hombro izquierdo.

Vestal Rea Silvia


La vestal que estaba a cargo de todas las jóvenes vestales era la Vestal Máxima o también conocida como Suma Vestal, la cual tenía la labor de supervisar a todas sus alumnas, amén de que tenía la facultad de que podía estar presente en el Colegio de Pontífices.
Entre las vestales mas conocidas podemos citar a Rea Silvia, así como a la vestal Aemilia.
Todas ellas residían en la conocida como Casa de las Vestales, y detrás del Templo de Vesta que albergaba la llama sagrada, el Atrium Vestiae era un edificio de tres plantas al pie del Monte Palatino.




Las fiestas de Vesta se conocían como las Vestalias, que tenían lugar entre el 7 al 15 de junio, mas solo durante el primer día, su santuario podía ser visitado por las madres de familia que les traían comida. De esta forma, las vestales celebraban determinadas ceremonias en las que recogían grano y pasteles, que les servían para preparar la "mola salsa", que necesitaba de una especial dedicación en su confección pues iba a ser utilizada en todo los sacrificios públicos que fuesen llevados a cabo.






El interés que en mi persona ha despertado la historia de las vestales romanas se lo debo, en gran medida, a Santiago Posteguillo, y al último de sus libros, Circo Máximo, al que, en absoluto me importa hacerle publicidad, se la merece, justamente, y en el que es protagonista una vestal Menenia. 
Si queréis saber mas sobre la historia de las vestales y sobre  la de la humanidad nada mas sencillo que acceder a un buen libro. Muchas serían mis recomendaciones, pero prefiero que cada cual se forme y conforme con sus propios gustos y deseos, pues solo de esta forma la lectura se convierte en una DELICIA.





BUEN DIA A TODOS 

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