sábado, 13 de diciembre de 2014

LOS MANDARINES: LA EDUCACION EN LA ANTIGUA CHINA.



Buenos dias, amigos todos, vamos a entretenernos hoy con un tema histórico y de paso conocer las circunstancias que rodeaban la vida y el trabajo de lo que en la antigua China se conocían bajo el nombre de "MANDARÍN".
Fueron concretamente los portugueses quiénes al tener contacto con China, por vez primera, distinguieron claramente una mas que especial clase de personas con una autoridad por encima de los demás. Les llamaron "MANDARÍN", por una confusión entre el verbo mandar y una serie de palabras de sonido parecido que, en Asia, designan a alguien con poder. 


Bajo esta denominación se agrupaban los funcionarios y magistrados que tenían por misión la administración del país, evidentemente, en nombre del emperador. Los mandarines no eran simplemente funcionarios, sino que tenían una formación mas que notable, eran literatos y eruditos, llegando algunos a considerarles como "letrados".

 Escritura chino mandarín

Para para conseguir tal estatus, y con mucha diferencia a cómo en los paises occidentales se obtenían todo tipo de prebendas de esta naturaleza favorecidas por simple capricho del monarca, en China existía todo un protocolo, consistente en una serie de exámentes (keju), a los que todos los aspirantes se presentaban sin ningún tipo de favor y de esta forma eran elegidos los mas capacitados.
Este sistema que permitía una mas que merecida cualificación era muy antiguo y se remontaba al siglo VII, si bien alcanzó su mayor esplendor durante las eras Ming (1368-1633) y Qing (1644-1911).
Conseguir en China un cargo público significaba para el candidato una gran cantidad de ventajas, y sobre todo, consideración pública. Es por ello que todo el que quisiera llegar a obtener tal cualificación se preparaba desde que era niño.


Su preparación empezaba a los cuatro años, aprendiendo la mas que dificil escritura china. Aunque algunas niñas también aspiraban a ostentar tal cargo, no eran seleccionadas. Eso sí, el conocimiento lo adquirían los pequeños, bien en escuelas o mediante un preceptor privado, hecho que únicamente podían permitírselo las familias con posibilidades económicas. 
Al llegar a los ocho años, los pequeños ya eran capaces de recitar pasajes de la mas selecta literatura china, entre ellos, los llamados "Cinco Clásicos" y los "Cuatro Libros", entre ellos, destacar las "Analectas" de Confucio, obra de este incomparable filósofo chino, nacido en el año 551 a.C, y cuya obra, la antedichas las "Analectas", recogía las conversaciones que, a lo largo de su vida, había mantenido con sus discípulos y cuyos ideales, desde el punto de vista moral, se centraban en el respeto a los padres y la especial educación que debían de poseer los mandarines.

Estatua de Confucio

Mandarin

Estos pequeños aspirantes a mandarines tenían que llegar a memorizar unos 431.000 caracteres, que se les presentaban escritos en rima para que fuera mas fácil su memorización. Era precisamente una prueba fundamental en los exámenes el recitar y escribir muchos de dichos pasajes, en los que no se permitía fallo alguno.
Llegada la edad de 15 años, los aspirantes abandonaban su antigua escuela, y empezaban su carrera de exámenes, para lo cual se preparaban en las Academías que existían en el país, y que en la época Qing podían cifrarse en 7.000.
En estas Academias los jóvenes estudiantes continuaban con sus estudios sobre los clásicos chinos, y se preparaban para una prueba mas que fundamental, la conocida como la "composición en ocho partes", la cual consistía en la exposición de un pasaje de las "Analectas" de Confucio, con una estructura prefijada. Sin embargo, también había quienes eran contrarios a este sistema de examinar el conocimiento del aspirante, pues era una prueba que siempre se repetía, por lo que los estudiantes hacían lo propio con lo que sabían que iba a "tocarles en el examen".
La selección de los alumnos, llegado el momento, que se realizaba dos de  cada tres años, se hacía primero a nivel de distrito, para mas tarde, llevarlo a cabo en la capital de prefectura, y era cuando se obtenía el grado de bachilller (tongsheng). También se realizaba otra prueba, un examen trienal que ofrecía la posibilidad de conseguir el grado de lincenciado (shengyuan, llamado también xiucai).

Mandarín con traje ceremonial

Mas, ni siquiera después de superar todas estas pruebas, se podía acceder a la administración pública, eso sí,  servían para conseguir privilegios honoríficos; de esta manera, los licenciados podían lucir una túnica azul y un sombrero característico y quedaban exentos de castigos corporales ante la justicia.
Los que no habían conseguido superar las últimas pruebas podían dedicarse a la enseñanza, que solo de esta forma les estaba reservada.
Continuaba la formación con los exámenes provinciales,  cada tres años, una pruebas mas que difíciles, pues cada alumno llevaba a cabo su prueba en una celda individual, en recintos amurallados. 
Llevo a cabo una mas que especial y detallada exposición de estas pruebas, por su interés público en general, que creo que no es conocido. Pues bien, siguiendo con los exámenes en cuestión, las celdas en las que los aspirantes ponían a prueba sus conocimientos contenían tres tablones móviles, que se usaban como asiento, pupitre y estantería. No contaban con puertas, tan solo una cortina; en ocasiones, tampoco existía techo, y eso que muchas de las pruebas se llevaban a cabo en otoño...De esta forma los aspirantes debían pasar encerrados en dichas celdas tres dias y dos noches, vigilados, y podía ser registrada su celda en cualquier momento. Debían dormir como buenamente podían y solo se les permitía tener comida y un orinal. 

Imagen de Mandarín

Un famoso dicho chino afirmaba que para aprobar, para lo cual era necesario realizar un examen sin fallo alguno, hacía falta la voluntad de un dragón, la fuerza de una mula, la insensibilidad de unca carcoma y la resistencia de un camello. Nada mas lejos de la realidad a  tenor de lo que estamos leyendo y conociendo -yo, entre otros-.
Superada la prueba, los que conseguían dicho éxito, recibían el título de "juren", graduado provincial. El triunfo, despues de tanto sacrificio, era festejado mediante un banquete que concelebraban con sus examinadores y eran recibidos con muestras de  especial consideración por sus conciudadanos. Por fin, tenían asegurado su futuro como FUNCIONARIOS.
El último de los paso se llevaba a  cabo mediante una prueba en el Palacio Imperial de Pekin, el conocido como el examen ante el "Hijo del cielo". Quienes aprobaban el mismo, se convertían en jinshi "graduados de palacio".
La definitiva consagración como MANDARIN se llevaba a cabo en palacio y ello después de pasar la siguiente prueba.
El Examen de Palacio se celebraba en el Pabellón de la Suprema Armonía de la Ciudad Prohibida, en Pekín, y era presidida por el emperador, quien se servía de ocho correctores, con los que, una vez finalizado el examen, se reunía para calificar a cada uno de los aspirantes. Estos debían llevar a cabo la composición de un ensayo, dividido en ocho partes, sobre algún pasaje de los clásicos chinos. Finalizada la prueba los aspirantes esperaban la publicación de los resultados, en una ceremonia mas que especial que se llevaba a cabo en el palacio imperial.

Como bien podréis comprobar eran muchos los aspirantes, y pocos los que conseguían obtener el título de MANDARÍN, algunos se llevaban años para alcanzar su propósito. Se sabe del caso del poeta Liang Hao que aprobó los exámenes imperiales a los 82 años, y otro caso de un aspirante que había suspendido veinte veces antes de conseguir su propósito: llegar a ser MANDARIN.
También se dieron casos de suicidios, de jóvenes que quedaron incapacitados para cualquier otro trabajo después de tanto estudiar y no lograr su objetivo, e incluso, la frustración llevó a mas de uno a la rebeldía, siendo este el caso del lider de la rebelión Taiping, en 1850, que tan "solo" esperó cinco suspensos para rebelarse contra el sistema. 
Todo ello trajo como consecuencia que en el año 1905, el gobierno chino aboliera los exámenes definitivamente.

Cenicero chino mandarín

Y una cosa curiosa, el momento de la publicación de los resultados de los exámenes de Palacio, evidentemente, era motivo de especial expectación. Los "primeros de la clase", entre ellos, el número uno, que recibía el nombre de "zhuangyan" eran saludados por el emperador, para proceder después a hacer un sacrificio en el templo de Confucio e inscribir su nombre en unas losas de piedra que aún conservan los nombres de todos aquellos "héroes" del conocimiento y sobre todo, de la "paciencia".

Copia de examen chino mandarin


Pabellón de la Suprema Armonia. Pekin

BUEN DIA A TODOS


Fuentes: Historia. National Geographic.

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