Si hace unos cuantos días un actor "Steve McQueen" fue el protagonista de este nuestro espacio, hoy volvemos con el 7º Arte, mas esta vez de la mano de un genio de la dirección: LUCHINO VISCONTI.
En primer lugar, llamaros la atención sobre la especial devoción que tengo a este director tanto de cine como de ópera, y a su genial producción.
Luchino Visconti nos ofrece, en primera persona, lo que es una contradictoria trayectoria personal y artística. Hizo de ello una marca, un sello del todo personal.
Luchino Visconti di Modrone, conde de Lonate Pozzolo, nació en Milán, el de 2 de novembre de 1906 y falleció en Roma, el 17 de marzo de 1976. Fue la suya una familia aristocrática, cuyos orígenes se remontaban al Renacimiento. Sus padres, Giusepe Visconti di Modrone, ostentaba el título de duque, que Luchino heredó, y su madre, Carla Erba, era hija de adinerados industriales milaneses; ambos le ofrecieron la oportunidad de educarse de una forma mas que refinada, conociendo desde su infancia aquéllo que se configura como obra artística y asistiendo asiduamente a la ópera.
Imagen de juventud
Las amistades que solían acudir a su residencia eran las de sus padres, entre ellos Arturo Toscanini, Giacomo Puccini e, incluso el escritor Gabriele D´Annunzio.
Una de sus pasiones que vivió y con pasión, desde la infancia, fue la ópera, ya que su abuelo y su tio eran superintendentes del teatro de la Scala.
Un hecho cierto es que en la vida de Visconti confluyen dos circunstancias, que pueden resultar contradictorias, pues a su origen noble une su formación marxista. Y ello toda vez que le tocó vivir lo que fue la caída del fascismo y el triunfo de las nuevas ideas sociales que nacieron como consecuencia de la dictadura. En su persona anida también la necesidad de presentar una visión social, de lo que es la vida de todos los días, de la gente de la calle, conocer de su pobreza, y de la opresión. Por otro lado, en Visconti también habita una inquietud y una preferencia estética ineludible a su personalidad.
Fue hacía 1935 cuando se trasladó a Paris, y gracias a Coco Chanel, conoce al cineasta Jean Renoir, para el que trabajó como asistente en algunas de sus producciones.
Su debut cinematográfico fue todo un éxito, con la que se aproxima a los principios artísticos del neorrealismo. "Obsesión", rodada en 1943, gracias a la cual podemos afirmar que Visconti nos hizo conocer una nueva visión del cine, no solo por lo que afecta a la temática, sino a la dirección de actores, y en la que Luchino versionaba la novela de James M. Cain, "El cartero siempre llama dos veces", situando la acción en Italia, y narrando el asesinato de un hombre llevado a cabo por el amante de su esposa. Una película con una dirección magnífica, que ofrecía al público la muestra de lo que sería un estilo propio y exclusivo.
En su siguiente película "La tierra tiembla", (1948) Visconti nos muestra el compromiso que mantiene con la lucha antifascista y la resistencia italiana. De la misma forma nos hace participar de las condiciones de vida de los pescadores, campesinos y obreros del sur de Italia. No obstante, desde el punto de vista comercial, no fue precisamente un éxito, pero sí nos posicionó a Visconti comprometido con la escena política y social que vivía la pobreza.
"Bellísima", protagonizada por Ana Magnani, nos introduce en un melodrama que tiene como temática el mundo del cine, con una madre empeñada en que su hija trabaje en dicho medio.
Por otra parte, en "Senso", Visconti marca una opción diferente, al adaptar una novela de Camilo Boito, pues nos relata los amores de una aristócrata italiana con un oficial del ejército austriaco. A partir de este momento, en Visconti se vislumbra una de sus temáticas favoritas la decadencia de la clase dominante de la aristocracia, a la que retrata como codiciosa, insolidaria y sin escrúpulos-.
Tras la adaptación de una obra de Dostoievski, "Las noches blancas", Luchino Visconti nos ofrece una película que aborda conflictos sociales, "Rocco y sus hermanos" (1960), cuya protagonista es una familia campesina que se traslada a Milán y tiene que enfrentarse con una dura realidad.
Vals Lancaster-Cardinale
Sin lugar a dudas, la mejor de sus obras es "El Gatopardo", una mas que digna adaptación de la novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, cuyo protagonista es un príncipe, que encarna todas las virtudes y defectos de la aristrocracia italiana.
Gracias a esta película, protagonizada, magistralmente, por Burt Lancaster, y en la que destacan los papeles interpretados por Claudia Cardinale y Alain Delon, Luchino Visconti ganó la Palma de Oro en Cannes. En el film, al igual que en la novela nos sumergimos en la vida del Principe Di Salina, centrándose en el marco social y político de los acontecimientos que se sucedieron en Sicilia en 1860 (la invasión de los camisas rojas, dirigidos por Giuseppe Garibaldi).
Y es que en esta gran obra maestra que es "El Gatopardo", Visconti nos ofrece unas puestas en escena, movimientos de masas y dirección que enamoró, definitivamente, a todos los amantes del cine de Visconti.
Helmut Berger
Mas fue en 1964, cuando Luchino Visconti conoce a una persona, un actor que tiene una influencia decisiva, no solo en su obra artística, sino en su persona, Helmut Berger, un bellísimo hombre, al que Visconti convirtió en su amante, ofreciéndole uno de los papeles mas importantes en "La caída de los dioses". Las esperanzas puestas en su "amor" como actor, no le defraudaron y Berger consiguió una genial interpretación de un nazi pederasta. Junto a Helmut Berger destacar también el papel de Dick Bogarde.
La unión Visconti-Berger nos ofreció otra obra memorable "Ludwig (Luis II de Baviera)", biopic del rey Luis II de Baviera, y con el que Visconti se sintió hasta cierto punto identificado, por su homosexualidad y por su obsesión por el compositor Richard Wagner. El protagonismo de Berger lo compartía una bellísima Romy Schneider, con una personaje mucho mas real que los que interpretó como Sissi.
Desgranar, una a una, la producción de Luchino Visconti sería, prácticamente, un trabajo interminable, así que me detengo en destacaros otras películas como "Atavismo impúdico o Sandra" (datada en 1965), y que refleja su mundo interior; "El extranjero", como reproducción de la obra de Albert Camus, en 1967, y la magnífica "La caída de los dioses", en la que supo expresar de forma contundente una etapa negra de la historia de la humanidad, tomando como protagonista a una familia alemana vinculada al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.
Una película que, a mi entender, es una maravilla, es, "Muerte en Venecia", basada en la novela de Thomas Mann, y para la que Luchino Visconti decidió que no fuera Helmut Berger, su protagonista, pese a la insistencia de éste, y se decantó por Dick Bogarde, en un papel magnífico, como el profesor Gustav von Aschenbach, que se enamora perdidadamente de un joven Tadzio, todo ello envuelto por la decadencia de la inmortal ciudad de Venecia y la música, impresionante, de Gustav Mahler.
Precisamente, sobre esta película "Muerte en Venecia", confeccioné un "post", del que os incluiré el enlace al final de éste, para todo el que guste profundizar un poco mas en la película, que ya os digo, para mí es una maravilla, como cinéfila que soy.
Un hecho cierto es que Luchino Visconti no solo destacó como director de obras de cine, sino también de óperas y de teatro; es así que dirigió a Maria Callas, ocupándose de distintos montajes de obras como "La Traviata", "Ifigenia en Táuride" y "Don Carlos", en París, Londres e incluso en La Scala de Milán.
Su salud resentida como consecuencia de un ataque cerebral no vio interrumpida su actividad y gracias a la ayuda de aquéllos que siempre estuvieron colaborando a su lado, pudo rodar dos películas "Confidencias", protagonizada por Burt Lancaster y Helmut Berger y "El inocente", que es una adaptación de una obra de Gabriele D´Annunzio, en la que trata la historia de dos enamorados.
Desgraciadamente, este genio falleció prematuramente, tenía 70 años, y una carrera mas que fructífera a tenor de lo que tenía en proyecto, una versión de "La Montaña Mágica", de Thomas Mann, y otra de "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust.
El 17 de marzo de 1976, LUCHINO VISCONTI nos abandonaba definitivamente, y como hombre contradictorio que lo fue en vida, tuvo un funeral católico, pese a que en la plaza de la Iglesia de San Ignacio banderas rojas ondeaban al viento.
Un hombre excepcional, y un genio del arte, que supo sacar un admirable partido de todo aquél conocimiento que adquirió en su vida. Un hombre fiel a sí mismo, y que sin olvidar su procedencia aristocrática consiguió emocionarnos con la narrativa visual, espléndida, traducida fotograma a fotograma de una realidad mas que evidente, y en la que elementos como la música fueron fundamentales.
Muerte en Venecia (Trailer) 1971
Con Luchino Visconti la historia del cine tiene una deuda, merece un reconocimiento general de toda su obra, dotada de una belleza inmortal y de una dirección y unos actores siempre perfectos.
Hoy vamos a dar paso a un pintor, grabador y escritor español, con el que nos soprenderemos sobre su visión de una España "negra", lo que nos lleva a considerarle un exponente un tanto peculiar de lo que es el expresionismo : JOSÉ GUTIERREZ SOLANA.
Nacido en Madrid, el 28 de febrero de 1886, falleció en esta misma ciudad el 24 de junio de 1945, y desde joven manifestó un especial talento para la pintura, por lo que sin terminar el bachillerato, se inició en el dibujo con su tio, José Diaz Palma, que a la sazón, era catedrático de dibujo en Salamanca.
Con tan solo catorce años ingresó en la Real Academia de San Fernando, entre los años 1900 a 1904 y en 1906 obtuvo una mención honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes.
El boxeador
Cabezas y Caretas
Sus años de juventud los alterna entre Santander y Madrid, toda vez que sus padres se habían instalado en Cantabría, y son mas que frecuentes sus viajes a distintas zonas del territorio español: Castilla, Aragón y Andalucía, entre otras, y cuyos itinerarios le sirvieron para tomar bocetos y apuntes de todo cuanto acontecía a su alrededor. Toda vez que la economía de sus padres era saneada, se pudo permitir tomar clases de canto y gustar del cine y de los toros, a los que acudía con frecuencia, participando de forma activa en éstos últimos, pues fue peón de la cuadrilla del torero al que llamaban "Bombé".
El osario
Escenas de máscaras
Carnaval
En 1917 se decide por regresar a Madrid, y es entonces cuando empieza a asistir a bailes, a visitar el Museo del Prado, y sobre todo, a frecuentar las tertulias del Nuevo Café de Levante, donde llega a coincidir con personalidades como Ramón María del Valle-Inclán, Ricardo Baroja, Julio Romero de Torres e Ignacio Zuloaga, y también a las famosas tertulias del café de Pombo, del que destaca la presencia de Ramón Gómez de la Serna. Será en este último donde conocerá a múltiples intelectuales y artistas, pintores, escritores, como Francisco Iturrino, Manuel Abril, José Bergamín y muchos otros.
La comparsa
La mascarada y los doctores
Fue precisamente en una de esas tertulias donde José Gutierrez Solana retrató a parte de la Generación del 98 -su conocida obra La Tertulia del Pombo-.
Es pues, a partir de este momento, cuando José Gutierrez Solana empieza a desarrollar su mas que particular estilo, para nada académico y alejado de las vanguardias. Abunda su interés por los temas de tono costumbrista, y en especial, intenta representar en su obra la vida callejera de Madrid.
La reunión de la botica
Las coristas
De ello nos da un justo reflejo sus obras El ciego de los romances, Los payasos, Los traperos, El rastro o Carnaval.
Su pintura se caracteriza por una notable originalidad, pero en la que vemos influencias de distintos pintores españoles, entre ellos Goya, Zurbarán, Ribera, el Velázquez de su primera etapa, y sobre todo, Brueghel el Viejo.
Es la suya una paleta de gran solidez, marcada por la pastosidad, sirviéndose de trazos negros y colores pardos y ocres. Precisamente la solidez de su paleta es la que proporciona a su obra un gran estructura en la composición.
Los traperos
Semana Santa-10
La cupletista
Nos encontramos con la personalidad de un hombre, un artista de carácter adusto, y en cierta forma torturado (al parecer, vivió unos sucesos trágicos en su infancia que le marcaron profundamente).
Es así que abundan en su pintura personajes del pueblo y de los bajos fondos, por medio de los que Gutierrez Solana se sirve para ofrecernos su visión de la condición humana; no en vano, se le considera el introductor del movimiento expresionista en España.
La murga gaditana 1
La murga gaditana 2
Es su vida la que se ve representada en su obra, y en tres aspectos o vertientes diferentes: los temas que guardan especial relación con los tipos y la gente de la calle, así como las fiestas populares, los relacionados con la costumbres de la España negra, y, por último, los retratos, de todo tipo de personalidades.
Y es que la España negra es un tema mas que recurrente en su producción, por lo que es genenroso en retratar las tabernas, los prostíbulos, los comedores de pobres, las procesiones, carnavales, ejecuciones....En resumen, recoge tanto la vida como la muerte.
La procesión de la muerte
La visita del obispo
Con el tiempo sus lienzos van aumentando en tamaño, a la vez que el color roza una mayor armonía por lo que se aclaran, consiguiendo un efecto que le sitúa en su madurez pictórica.
No obstante, la popularidad, entre los intelectuales y artistas de su época, y a los que frecuentaba en las tertulias, José Gutierrez Solana no fue acogido por la crítica de forma acertada hasta el año 1929, cuando recibió la Medalla de la Exposición Universal de Barcelona. Y ello pese a que, un año antes, había sido invitado por el escritor Edgar Neville a visitar Paris, donde residió durante la guerra civil y su obra fue alabada, en gran parte.
En 1939 regresa a Madrid, ciudad en la que fallece en 1945.
Las vitrinas
Mujer ante el espejo
La obra de José Gutierrez Solana parte de la base del profundo conocimiento que tenía de España y sus gentes, de sus paisajes y costumbres. Baste decir que vivió y conoció de las generaciones del 98, del 14, y del 27.
No obstante, la personalidad y la obra de Gutierrez Solana nos descubren a un hombre solitario, y hace de la situación social de España una crítica extrema. Su obra nos habla de lo que es la realidad mas cruda de nuestro pais, España, que recorrió personalmente y que retrató en sus cuadros y en sus escritos.
No solo es de destacar la obra pictórica, sino también la obra literaria, baste decir que fue Camilo José Cela, quien le dedicó su discurso académico.
Entre sus libros destacan los de viajes, siendo los mas importantes Madrid: escenas y costumbres, (1913 y 1918, dos volúmenes), La España negra, (1920), Madrid callejero, (1923), y Dos Pueblos de Castilla (1925). También escribió una novela, Florencio Cornejo, (1926).
Sus escritos vienen a corroborar la visión costumbrista y hasta cierto punto, esperpéntica, de la España de principios del siglo XX.
Máscaras con pieles
La obra de José Gutierrez Solana podemos admirarla en diferentes museos, como el Museo Reina Sofia y el Museo Carmen Thyssen Málaga, en el que destaca una de sus obras, Coristas (1927), cuyo protagonismo es la prostitución.
Payasos
Women of life
Si bien como pintor no tuvo discípulos ni seguidores a lo que es su temática y su técnica, si que fue una personalidad que despertó la admiración, no solo en vida, entre sus amigos, coleccionistas, pintores y escritos, sino después de su muerto. Hagámosle, pues, un merecido tributo.