martes, 18 de junio de 2019

GRANDES GENOCIDIOS DE LA HUMANIDAD: RUANDA.


Nuestra historia, la que nos define y, en muchas ocasiones nos horroriza, viene marcada por terribles acontecimientos, actos cometidos por individuos que se dicen "humanos" y que no dejan de ser meras bestias.
Una de esas historias es la que trataremos en este artículo: El Genocidio de Ruanda.


En 1994, en Ruanda vivían más de 7 millones de personas, pertenecientes a tres grupos étnicos: hutus, que eran mayoría, tutsis y twa.
Hasta lo que fue el siglo XIX, los tutsis ocupaban el estrato social más elevado y por contra, los hutus el más bajo. Finalizada la I Guerra Mundial, Uganda pasó a ser colonia belga, hasta que la descolonización en la década de los 50 del pasado siglo XX, produjo una cada vez más encrespada relación entre ambas etnias: hutus y tutsis.




Un genocidio que se inició el 6 de abril de 1994, cuando el avión en el que viajaba el presidente ruandés, Juvénal Habyarimana y el presidente burundés Cyprien Ntaryamira, ambos de etnia denominada "hutu", fue derribado por dos misiles. Con ellos murieron todos los que viajaban a bordo de la nave. En un tiempo récord extremistas de esta etnia tomaron el poder y se desató una de los más crueles episodios vividos por la humanidad: una terrible ola de asesinatos de la minoría "tutsi".

Tan horrible que en sólo 100 días fueron asesinadas más de 800.000 personas.






Ésta es la historia de una tragedia que, en gran medida, ha quedado olvidada.



En términos de proporción un 11% de la población fue aniquilada, cerca de un millón de víctimas de la antedicha etnia tutsi, amén de hutus moderados, que fueron torturados y masacrados con un único objetivo: el exterminio total.

Y ello sin perjuicio de que más de dos millones de refugiados huyeron ante el temor de correr la misma suerte.




La que fuera matanza inicial dio lugar a una guerra civil que dejó el país totalmente devastado. A día de hoy, Ruanda sufre las consecuencias del genocidio y de la guerra de 1994, ya que está sometida a un régimen de intensa represión política.


La responsabilidad de todo este conflicto sigue siendo muy controvertida, si bien la mayor parte de las teorías vienen a coincidir en el hecho de que el grupo rebelde tutsi del Frente Patriótico Nacional (RPF) o los extremistas del "Poder Hutu", opuestos a la negociación con aquellos, son señalados como causantes.



Como es habitual en todo país que es colonizado, en este caso por Bélgica, el gobierno puso interés en que se estableciera un sistema social racista, y para ello se sirvió de una ancestral distinción dentro de la etnia banyaruanda del pueblo bantú, organizando una sociedad de "castas", si bien no existía ningún rasgo étnico ni lingüistico que las viniera a diferenciar; es así que la minoría calificada como tutsi, equivalente al 15% de la población fue considerada casta dominante, y la mayoría hutu -85%-, casta subordinada, y por tanto, sometida a todo tipo de trabajos forzados y vejaciones, lo que trajo como consecuencia el enfrentamiento entre ambos sectores de la sociedad ruandesa.



Bien cierto es que durante la colonización por parte de Bélgica, sus instituciones mantuvieron alianzas con la etnia tutsi, más llegada la independencia, en 1961, -no reconocida internacionalmente hasta julio de 1962-, abolida la monarquía, se constituyó una república, en la que la mayoría hutu era más que notoria en todos los ámbitos; y ello fue así hasta el año 1994, ya que finalizado el genocidio, las castas fueron oficialmente eliminadas.



Tras el asesinato del presidente Habyarimana, lo fue también la primera ministra, Agathe UWlingiyimana. Fue entonces cuando los radicales hutus tomaron el poder y una terrible oleada de violencia y de muerte se extendió por todo el país.
A ello contribuyó el llamamiento por la emisora privada de Radio Mil Colinas al "exterminio total de los tutsis como cucarachas", siendo una milicia joven de hutus con el nombre de "Interahamwe" (los que cazan juntos), quienes se ocuparon de llevarla inicialmente a cabo, a golpe de machete y garrote, atacando a mujeres, niños y ancianos. 
Ni siquiera las tropas que la ONU tenía destinadas en el país fueron capaces de detener este horror y se ordenó la retirada de los cascos azules.
Fue entonces cuando el Frente Patriótico Nacional dio vía libre a su ofensiva.




En tan sólo dos semanas, los muertos se contaban por cientos de miles, a razón de 8.000 muertos diarios, según información facilitada por la Cruz Roja Internacional.. Más ésas eran cifras, pues nadie llevaba cuenta de tal masacre, los cadáveres eran abandonados a su suerte, siendo sepultados en grandes fosas comunes, las diferentes aldeas, pueblos quedaron vacíos, y ello sin perjuicio del éxodo que inició gran parte de la población, pues en un sólo día, el 30 de abril de 1994, 250.000 ruandeses huían por la frontera con Tanzania.


Más todo no quedó ahí, pues el odio descontrolado llevó a la venganza de las tropas tutsis a invadir la ciudad fronteriza de Goma, en el por entonces Congo, (hoy, Zaire), aumentando aún más la tragedia el brote de cólera que se desencadenó.


El fantasma de la desolación recorría hasta la más pequeña de las poblaciones, todo había quedado abandonado, bien por muerte o huida. Las calles aparecían sembradas de cadáveres, y las gentes escapaban como buenamente podían, durante días y noches enteros, alimentándose de lo que encontraban a su paso.


Ruanda se convirtió en un infierno..
El hecho cierto es que existió una total falta de respuesta por parte de la comunidad internacional, ni siquiera la ONU fue capaz de poner resorte alguno en funcionamiento, hasta que el 22 de junio de 1994, el Consejo de Seguridad autorizó a las fuerzas francesas al envío de una misión humanitaria con el nombre de "Operación Turquesa", y que logró salvar a cientos de civiles en el suroeste de Ruanda. No obstante, los asesinatos continuaron en otras zonas del país, hasta el 4 de julio siguiente, cuando el FPR tomó el control militar.



Esta es una historia más en las que el odio, fomentado por determinados intereses, convierte a los seres humanos en auténticos depredadores, en bestias que sólo se alimentan de sangre; y pese a que situaciones como la descrita siguen repitiéndose, la humanidad permanece, en la mayoría de los casos, no ya observando, sino también propiciando la destrucción.

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Fuentes:
www.eltiempo.com
www.elmundo.es
https://eacnur.org

domingo, 9 de junio de 2019

The Divine Comedy - Norman and Norma



BUENA MÚSICA


VITTORIO MATTEO CORCOS.- EL RETRATO REALISTA ITALIANO.


Autorretrato

Bienvenidos, un día más, a este pequeño espacio en el que intento que la cultura, en todas sus manifestaciones, sea una constante en lo que es la vida diaria de todos y, en base a ello, mis artículos abarcan todo tipo de temáticas, entre ellas, evidentemente, no podía faltar la pintura, por lo que nuestro protagonista de hoy es el pintor italiano, VITTORIO MATTEO CORCOS, nacido en Livorno, el 4 de octubre de 1859 y fallecido en Florencia, el 8 de noviembre de 1933, destacado por sus pinturas realistas.




Para Vittorio Matteo Corcos la pintura fue siempre su vocación, toda vez que desde muy joven empezó su estudios en la Academia de Bellas Artes de Florencia, bajo la tutela del maestro Enrico Pollastrini. 
Fue más que notable la influencia que sobre su obra recibió de su también maestro Domenico Morelli, cuyo estilo estaba poblado de referencias literarias, sobre todo de Lord Byron.




De este periodo es su obra L´arabo in preghiera (El árabe en oración) que viene a señalar un antes y un después en la que fue su trayectoria.
Gracias a un contrato de colaboración con la casa de galeristas y marchantes de arte Goupil & Cie., Corcos se decide por instalarse en París, en 1880, relación que perduraría durante quince años. 
Ello le permitió conocer y acudir con cierta frecuencia al taller de León Bonnat, más que reconocido retratista de toda aquella personalidad parisina. 





Precisamente, fue ésta la razón por la que la pintura de Corcos devino más mundana, siguiendo las pautas de sus compatriotas Giovanni Boldini y Giuseppe de Nittis; sus trabajos nos muestras deliciosos retratos de mujeres elegantes, así como minuciosas escenas de género, en las que la pincelada fluida y el color son sus rasgos más característicos.




Es en base a ello que su obra fue muy bien valorada en París, lo que le llevó a exponer duranta los años 1881, 1882, y 1885, en el conocido Salon. En 1886, su presencia la encontramos en una  exposición colectiva en Livorno, junto a algunos de los exponentes más relevantes del movimiento "Macchiaioli".



Por lo que respecta a su vida persona, Vittorio Matteo Corcos que nació en el seno de una familia judía, se convirtió al catolicismo y contrajo matrimonio en 1887 con una joven viuda, Emma Cabati; la pareja se estableció en la ciudad de Florencia y era frecuente verles en los círculos más prestigiosos tanto literarios como sociales, teniendo contacto con personalidades como Giosuè Carducci y Gabriele D´Annunzio.
Precisamente, a consecuencia de sus relaciones personales, Corcos se convirtió en el retratista más demandado por parte de la clase alta de la región.


Su fama le llevó a ser reclamado, en 1904, para ejecutar el retrato del emperador Guillermo II de Alemania, así como el de su esposa, Augusta Victoria, amén de diferentes personalidad, entre ellas, Margarita de Saboya, última reina consorte de Portugal.



Su fallecimiento en Florencia el 8 de noviembre de 1933 puso punto y final a una más que satisfactoria trayectoria no sólo profesional, sino personal, la de un artista que pudo ver recompensado su genio.
En la actualidad sus obras pueden ser contempladas en las colecciones de los Uffizi en Florencia, así como en la Galería Nacional de Arte Moderna de Roma.


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domingo, 26 de mayo de 2019

Depeche Mode - Little 15 (Official Video)



BUENA MÚSICA



LAS MONTAÑAS FLAMEANTES DE GAOCHANG.



Siempre es una delicia viajar no sólo a lugares que son mayormente conocidos o que nos seducen por diferentes y variados motivos, si bien son muchos para los que viajar constituye una aventura. Pues para los aventureros, los que gustan de vivir "el límite de las cosas", os tengo reservada una escapada especial: LAS MONTAÑAS FLAMEANTES DE GAOCHANG, en China.




Cuenta una vieja leyenda Han que el rey Mono creó una perturbación en los cielos y la derribó sobre un horno, haciendo que las brasas resultantes fueran a caer desde el cielo hasta el lugar donde se encuentran ubicadas las ahora denominadas popularmente montañas Flameantes. 
Otra leyenda, en este caso, uigur, nos habla de un dragón que se alimentaba de niños pequeños, al que se enfrentó un héroe y lo cortó en ocho pedazos; y fue su sangre la que convirtió en roja a toda una montaña y los ocho pedazos, a su vez, en los ocho valles de las montañas Flameantes.


Las leyendas son siempre deliciosas, y más cuando se nos alimenta la imaginación para acercarnos a lugares que resultan realmente alucinantes, como son estas montañas de arenisca rojas, estériles y erosionadas que forman parte de lo que es la cordillera de Tian Shan, Xinjiang, en China.
Situadas cerca del borde norte del desierto de Taklamakan y al este de la ciudad de Turpan.

Visión satélite

Sorprenden al viajero sus barrancos y trincheras tallados por lo que durante siglos ha sido la actividad volcánica y que provocó el que la lava fundida se deslizase por las laderas, consiguiendo el aspecto flameante que se puede apreciar según las horas del día.


Por lo que respecta a longitud alcanzan 100 km. de largo y entre 5 y 10 de ancho, cruzando lo que es la cuenca de Tarim, de este a oeste. Unas montañas cuya altura van de 500 metros a 800 metros, y sus temperaturas suelen ser bastante extremas, sobre todo en verano que pueden llegar a los 50º C e incluso más, por lo que está considerada la zona más caliente de China.


La zona desértica en la que se hallan ubicadas hace muchos años era evitada por los comerciantes que hacían la llamada ruta de la Seda, por lo que ciudades oasis como Gaochang eran un paso y a la vez un respiro para los diferentes viajeros.
Se dio el caso de que, en numerosas ocasiones, misioneros budistas acompañaban a los comerciantes, por lo que las conocidas como cuevas de los mil Budas de Bezelik están en un barranco de estas montañas. Son un total de setenta grutas que se remontan a los siglo V al IX.


El nombre por el que se las conoce mundialmente, el de Montañas Flameantes se lo debemos al relato de un monje budista, quien acompañado por un rey Monocon con poderes mágicos, y que en su viaje hacia la India se encontró con un muro de llamas, tal y como se recoge en la novela del siglo XVI, Viaje al Oeste, del escritor de la dinastía Ming, Wu Cheng´en.


Para todos los que disfrutan con la aventura y los maravillosos paisajes que nuestro planeta Tierra nos ofrece, nada mejor que hacer una visita a esta singular zona, eso sí, cuidado con las temperaturas...

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Fuentes: 
Wikipedia.


Vampire Weekend - This Life (Official Video)



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