viernes, 8 de mayo de 2020

Lawson - Lovers


BUENA NOCHE
BUENA MÚSICA



REFLEXIONES.- REBELIÓN




REBELIÓN.

Cuando el fuerte viento torne brisa
y la mar calma nos devuelva su dulce azul,
cuando la noche devenga cálida
y el abrazo selle el compromiso,
cada momento nos sabrá eterno.

Cuando las manos alzadas se unan
y las miradas confluyan en una misma dirección,
cuando el desamor solo viva en las películas
y las caricias curen toda clase de heridas,
la historia tendrá una única lectura.

Cuando nuestros hijos nos despidan sin dolor
y el pasado sea un hermoso recuerdo,
cuando tú y yo descubramos "nosotros"
y el futuro se escriba a modo de partitura,

el universo habrá hecho magia de la
REBELIÓN.

RF.








martes, 5 de mayo de 2020

Morrissey - Knockabout World (Lyric Video)


BUENA NOCHE
BUENA MÚSICA



JUAN DE VALDÉS LEAL- JEROGLÍFICOS DE LAS POSTRIMERÍAS


Juan de Valdés Leal


JUAN DE VALDÉS LEAL, pintor barroco español, nacido en Sevilla en 1622, realizó por encargo del aristócrata sevillano Miguel de Mañara, dos cuadros alegóricos de la muerte,  destinados al sotacoro de la Iglesia de la Santa Caridad de Sevilla.

Iglesia de la Santa Caridad


Precisamente, el mismo Miguel de Mañara había publicado, en 1672, el llamado El Discurso de la Verdad, en el que hablaba sobre la fugacidad de la vida, la necesidad de prepararse para la muerte y los medios de alcanzar la vida eterna.
Uno de sus párrafos, del todo macabros, dice así: "..si tuviéramos delante de los ojos la verdad, ésta es, no hay otra: la mortaja que hemos de llevar había de ser vista todos los días por lo menos con la consideración que, si te acordaras que has de ser cubierto de tierra y pisado de todos, con facilidad olvidarías las honras y estados de este siglo".



Son sendos cuadros titulados conjuntamente "Jeroglíficos de las postrimerías", uno de ellos con el nombre de In ictu oculi (En un abrir y cerrar de ojos) y Finis gloriae mundi (El final de la gloria del mundo).

Jeroglíficos de las Postrimerías

Juan de Valdés Leal era hijo de padre portugués y madre sevillana, y estudió en su ciudad natal en el taller de Herrera el Viejo, si bien posteriormente se trasladó con su familia a Córdoba. Fue en 1656 cuando se estableció en Sevilla, ciudad en la que también trabajaba Bartolomé Esteban Murillo, con el que se dice mantuvo siempre una enconada rivalidad.
Su obra destaca, desde sus inicios, por un estilo tenebrista, naturalista y contrarreformista.
Murió en Sevilla en 1690.

In ictu oculi

De la misma manera que Miguel de Mañara encargó ambos cuadros a Valdés Leal, también hizo lo propio con Murillo, con el tema de las obras de misericordia.
Tal y como resulta de un asiento en lo que es el libro de actas de la Hermandad de la Santa Caridad, de fecha 28 de diciembre de 1672, los conocidos Jeroglíficos de las Postrimerías, fueron pintados ese mismo año, y Valdés Leal recibió por ello la suma de 5.740 reales.




En el conocido con el nombre de In ictu oculi, la Muerte nos la muestra Valdés Leal con lo que es un féretro bajo su brazo, y la guadaña hollando la esfera celeste, y que apaga en menos de un parpadeo -In ictu oculi- la llama de la vela apenas consumida, y hace de todo lo que el ser humano considera como aspiraciones mundanas un total sin sentido.


In ictu oculi es una inscripción latina que procede de una carta de san Pedro en la que se dice que los cristianos resucitarán "en un abrir y cerrar de ojos", al son de la última trompeta.
Las insignias eclesiásticas que igualmente podemos observar, como son la cruz patriarcal, tiara, mitra, báculo y capelo cardenalicio figuran como vanidades terrenales de las autoridades de la Iglesia.
Lo que es la vanidad del saber está simbolizado por varios libros de teología, historia -una crónica de Carlos V- y de ciencia natural (Plinio).


Es de destacar el detalle del pie de la Muerte encima de globo terráqueo, en una total y exacta referencia a que su "poder" se extiende por toda la faz de la Tierra.



Por lo que se refiere al otro cuadro Finis gloriae mundi, ofrece una imagen del todo dantesca con los cadáveres en descomposición de la parte inferior del lienzo, el de un obispo y el de un caballero calatravo -tal y como lo era Mañara-, y cuyo mensaje se refiere a que la muerte es el paso necesario hacia el juicio del alma, representado en la parte superior del cuadro por medio de una mano llagada que sostiene una balanza con las inscripciones "NI MAS", "NI MENOS".



Es así que en el platillo de la izquierda los pecados capitales están simbolizados por animales, como el pavo real, la soberbia; el murciélago, situado sobre un corazón, la envidia; el perro, la ira; el cerdo, la gula; la cabra, la avaricia; el mono, la lujuria; y el perezoso, la acidia).



El hecho cierto es que Juan de Valdés Leal llegó a ser considerado como el "pintor de los muertos", tal y como vino a llamar Enrique Romero de Torres.



No obstante, la obra de Juan Valdés Leal es mucho más variada de lo que dan a entender estos lienzos objeto de pequeño estudio de hoy, más eso puede servirnos de tema para otro día...

Blog incorporado al
Directorio Hispano de las Artes

Fuentes:
Wikipedia.
https://educación.ufm.edu
Historia. National Geographic.

sábado, 2 de mayo de 2020

Viva Suecia - Lo Que Te Mereces (lyric video)



BUENA NOCHE
BUENA MÚSICA



REFLEXIONES.- PANDEMIA


PANDEMIA.

En el episodio final de toda historia
se vislumbra una cierta esperanza
a menudo concebida en aras a satisfacer
la conciencia de quien alardea de sinceridad.

Ayuda al sueño sereno del pesaroso
la confianza en que todo es cuestión de mala fortuna,
la seguridad en la responsabilidad ajena
de un mundo abundante en necios
mal llamados "inocentes".

Considerando el hecho de que salvando las distancias
el camino de la reconciliación sería más fácil,
el error carente de mala intención
conllevará la base de la buena convivencia.

Obviamos la plenitud de toda actitud
que nos abra los ojos y nuestros oídos sacuda
a modo de azote de "sincera" pandemia.
Todo pasa con el tiempo,
incluido lo mejor.

RF.


viernes, 1 de mayo de 2020

The Teskey Brothers - So Caught Up (Live At The Forum)



BUENA NOCHE
BUENA MÚSICA


ÉDOUARD MANET.- UN BAR EN EL FOLIES-BERGÈRE.




ÉDOUARD MANET (1832-1883) aportó a la pintura moderna una visión de la que fue la vida contemporánea, en tanto sus composiciones estructuran lo que es el espacio y los volúmenes, el conocimiento de la "estampa japonesa" apunta en sus personales perspectivas, y es así como sus cuadros al aire libre vienen a demostrar su talento como pintor impresionista.
Más fueron también sus últimas obras, de marcado carácter naturalista, las que le reafirmaron en una técnica marcada por una factura que le convirtieron en todo un estandarte de la modernidad.




Es su obra estandarte de esa modernidad que viene a representar la vida urbana, sirviéndose de una técnica que se aproxima a la utilizada con el fresco. Manet sitúa a sus personajes y objetos sobre una tela blanca, la cual recubre de una imprimación muy ligera. Su siguiente paso es extender con brocha una materia fluida y grasa. Antes de que la pintura llegue a secarse, trabaja los tonos medios y los colores, en tanto el fondo lo realiza a continuación, de lo que resulta el contraste de sus colores. Es así como cada capa se convierte en un esbozo y el conjunto resultante nos ofrece una imagen compuesta.



Una de las obras más deliciosas de Édouard Manet, fue una auténtica declaración de amor a la capital del mundo, París, y su entorno la noche de un célebre cabaret, Folies Bergère, una auténtica obra maestra realizada al final de sus días, en 1881, cuando pasaba el tiempo recluido en su estudio, enfermo a raíz de una sífilis que atacó su sistema nervioso y locomotor. Un bar en el Folies-Bergére, lienzo de 95,2 x 129,5 cm, que se conserva en el Courtauld Institute de Londres.
El hecho cierto es que el Folies-Bergère no era, en puridad, un cabaret sino un gran local cubierto dedicado a espectáculos que hoy podríamos encuadrar entre el music-hall y el circo; por su escenario pasaron cantantes, pantomimas, ballets, acróbatas e incluso actuaciones con animales.
Fue fundado en 1869, próximo al paseo que llevaba al eterno y bohemio barrio de Montmartre.



Para acceder al mismo era necesario el pago de una entrada, y contemplar el espectáculo bien desde la platea o hacerlo en el promenoir, una especie de paseo interior. Asimismo, existía también la posibilidad de tomar una copa en un jardín interior, decorado con fuentes.
El Folies-Bergère era punto de encuentro de la clase media del París que empezaba a hacerse con el protagonismo de la ciudad de la luz, abundando los aristócratas amantes de la buena vida y los artistas y escritores que frecuentaban el local. También abundaban las prostitutas, bien jóvenes y lozanas, cocottes de lujo, o algunas que ya no se encontraban en su etapa de esplendor. 
Como escenario de la nueva modernidad en el Folies-Bergère ya se habían instalado claras esferas de iluminación, tal y como puede verse en el cuadro objeto de este artículo, junto a las tradicionales arañas iluminadas con gas. Más si observamos detenidamente, Manet dotó a la escena de una pálida luz diurna, que no podía proceder de la iluminación del local, sino de su propio estudio, donde pintó el cuadro.


El establecimiento había sido decorado tomando como referencia al londinense Teatro Alhambra.
El nombre no deriva, como suele pensarse de la palabra francesa locura (folie), sino de un término usado durante el siglo XVIII para definir a una casa de campo  oculta por hojas  (del latín, folia), lugar en el que era del todo posible "abandonarse" a las más divertidas ocupaciones; el hecho de añadir Bergère fue sencillamente por estar situado en una calle próxima que obedecía a "Rue Bergére"
En el lienzo de Édouard Manet podemos contemplar una imagen del todo evocadora de ese maravilloso lugar de encuentro y diversión de la noche parisina. Es así como el noctambulismo es utilizado por Manet en base a un naturalismo del todo voraz, y cuyo reflejo literario lo podemos encontrar en narraciones de Guy de Maupassant o Émile Zola.





Ciertamente, Manet llevó a cabo varios bocetos preparatorios del que sería su última obra; la modelo que aparece en primer término era una de las dos camareras del local cuyo nombre era Suzon, y posó para Manet en su estudio, pues éste estaba ya tan enfermo que no podía desplazarse; el cliente que vemos reflejado en el espejo no es otro que el también pintor Gaston Latouche.
Entre los diferentes personajes que podemos descubrir en el grupo que aparece también reflejado en el espejo está una tal Méry Laurent, en la imagen de blanco, unan cocotte mantenida por el millonario americano Th. E. Evans, y que solía reunir en su salón a múltiples escritores, tales como Stéphane Mallarmé y, por supuesto, a Manet, quien la retrató en diferentes ocasiones, así como al pintor Henry Dupray.
El hecho cierto es que en esta magnífica obra Manet nos regala un escenario que viene a recrear la realidad, pues es una ilusión o "reflejo" en un espejo, llegando a mezclar lo artificial con lo natural. La mirada perdida de Suzon, una joven probablemente procedente de los suburbios de París, choca con la del cliente cuyo reflejo observamos en amable conversación con la otra camarera del local.
Las imágenes más curiosas del cuadro nos las ofrece en primer plano y son extraordinarias naturalezas muertas, como la compuesta por botellas de champán, de cerveza rubia y de licor de menta, un pequeño adorno floral adorna el escote de Suzon.




Con respecto a las botellas de champan, un detalle curioso, y es que por entonces el salario de una camarera o sirvienta era de 2 francos al día, un obrero cobraba 5 francos, y una botella de champán alcanza el precio de 12 a 15 euros.
Como marca del genio Manet, éste nos ofrece una ilusión óptica y de lo que es la perspectiva, para lo cual pinta el espejo detrás del mostrador dando la sensación de que está colgando oblicuamente con el plano del cuadro. Si bien, esta primera impresión queda en eso, impresión, por el sencillo hecho de que el marco del espejo está situado de forma paralela con el mostrador de mármol.
Detalles que no podemos ni debemos obviar son los botines verdes sobre un trapecio de una atracción: la de una acróbata, tal vez la estadounidense Katarina Johns que actuó por entonces, 1881, en dicho lugar.


Cuando esta obra fue expuesta en el Salón de 1882 obtuvo un enorme éxito, recibiendo grandes elogios por parte de la crítica.
Y es que no hay nada más delicioso que una ilusión, y tanto así que Walter Benjamin en 1929, vino a definir "París es la ciudad de los espejos".
Disfrutad de esta deliciosa obra.


Blog incorporado al
Directorio Hispano de las Artes


Fuentes:
Historia. National Geographic
Maestros de la pintura. Colección Reconocer el Arte.
https://www-uv.es
 

jueves, 30 de abril de 2020

MorMor- Heaven's Only Wishful




BUENA NOCHE
BUENA MÚSICA



REFLEXIONES.- NOSTALGIA.


NOSTALGIA.

La nostalgia es el abrazo frío
de un recuerdo que habita la memoria,
anhelamos su cálido roce
en el imposible de la realidad.

Soñamos lo que fue o pudo ser
precipitándonos en los finales felices,
aunque la experiencia ha demostrado
que ningún tiempo pasado fue mejor.
-Eso dicen-.

La esperanza se convierte en alas de futuro
y la fe deviene virtud del ateo
que en materia de felicidad
es el más fiel de los creyentes.

La nostalgia es retroceder en el tiempo
de los sentimientos abandonados sin renuncia,
ese afán que todos venimos en compartir
ante el sórdido principio de que no hay futuro
previsto.

RF.

Fotograma: La muerte en Venecia
Luchino Visconti

miércoles, 29 de abril de 2020

HAIM - I Know Alone (Official Video)



BUENA NOCHE
BUENA MÚSICA



RAY CAESAR.- LA ILUSTRACIÓN Y EL MOVIMIENTO LOWBROW.


Ray Caesar

Retomamos en este artículo la disciplina artística de la ILUSTRACIÓN, considerada durante algún tiempo como un arte menos, convertida hoy en día, en todo un referente para generaciones que han comenzado a leer con ella.
Ilustradores de revistas, libros, publicaciones de todo tipo, que llenan de imágenes espacios en los que vienen a complementar las palabras.




Hoy, contamos con la presencia de un genio en esto de la ilustración, nada menos que RAY CEASAR.
Ray Caesar nació en Londres en 1958, si bien siendo aún niño se trasladó a Canadá.
Su experiencia en el departamento de arte y fotografía del Hospital para Niños Enfermos de Toronto, dedicándose a la documentación de casos de abusos de menores, amén de reconstrucción quirúrgica, psicología, así como la conocida terapia con animales, influyó de forma especial en su obra.




Y es precisamente la obra de Ray Caesar la que no deja indiferente a quien la ve por vez primera, algo que lleva a la conclusión que una vez vista una de sus ilustraciones, reconocerás cualquiera que lleve su firma.




Ray Caesar forma parte del movimiento denominado Lowbrow o arte Lowbrow.
(El Lowbrow art describe un movimiento de arte visual subterráneo que surgió en el área de Los Ángeles, California, a finales de los años setenta, siendo fundamentalmente de carácter populista con raíces culturales en el cómic underground, la música punk, la cultura tiki y las culturas populares de la calle. También es reconocido por el nombre de surrealismo pop, y en él se observa sentido del humor; en ocasiones, ese humor es alegre, otras, malvado, y también abunda en comentarios sarcásticos).



Después de esta aclaración que considero del todo necesaria volvemos con la obra de Ray Caesar, cuya característica principal es su esencia surrealista.
Un trabajo con el que Ray Caesar ha disfrutado siempre, de la misma forma que lo ha hecho dibujando e incluso esculpiendo e investigando sobre diferentes técnicas pictóricas.
Si bien su creación inicial no estaba vinculada al arte visual, con el tiempo se convirtió en su forma habitual de trabajo, elaborando las imágenes por medio de ordenador sirviéndose de un programa de animación, e incluso de elementos como el photoshop con el que trata las texturas.



Y si ya es curiosa su forma de tratar lo que son determinados aspectos de su obra, mucho más lo es cómo consigue mostrarnos diferentes aspectos en la piel de sus personajes, para lo que estudia imágenes de piel a través de fotografías digitales que luego manipula también con el photoshop, consiguiendo aspectos sorprendentes.



La observación del resultado final de su obra nos aporta sentimientos contradictorios que vienen a mezclar cierta estética agradable, junto a otra que nos produce zozobra y temor; para conseguir éste último efecto trabaja con colores en gran medida tétricos.



Y es de esta forma como consigue la sensación confusa, acudiendo a las sensaciones, y dejando de lado un mensaje del todo definido.
Ray Caesar es, en puridad, un gran observador del mundo que le rodea y que nos hace llegar con sus personajes, unos bellos otros, por decirlo de alguna manera, un tanto singulares.
Y esa especial singularidad, esa falta de concreción nos la proyecta mediante el empleo de personajes femeninos.



Es suyo ese mundo de mujeres-niñas, con rasgos, en variadas ocasiones, exagerados, como suele ser el tamaño de la cabeza, o el color de su piel, siendo el dato más destacable el increíble color rojo de sus labios.



Y es que dentro de todo lo que, en gran medida, nos produce zozobra, temor, puede encontrarse belleza, una belleza que entronca con aspectos que se consideran como "prohibidos".




Disfrutad de la magnífica obra de este maestro ilustrador.

Blog incorporado al
Directorio Hispano de las Artes

Fuentes:
https://culturainquieta.com
https://moovemag.com