lunes, 20 de abril de 2015

LA RUEDA DE LA FORTUNA.- BURNE-JONES.




Buen día, estimados amigos, nos detenemos hoy en la deliciosa mirada sobre una pintura que me resulta no solo interesante, sino enigmática y con un marcado simbolismo. Su autor es Sir Edward Coley Burne-Jones (1833-1898), cuya obra no se detiene solo en la pintura, sino que abarca también la ilustración y el diseño.
Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que Burne-Jones fue uno de los mas destacados artistas que siguió el llamado movimiento simbolista, cuyas raíces y mayor inspiración se desarrolló en Francia, amén de ser un reconocido prerrafaelista. Si bien el simbolismo nació con connotaciones literarias, a mediados del siglo XIX, los pintores simbolistas se vieron fuertemente impresionados por sus planteamientos. 



La pintura simbolista, en lugar de mostrar la realidad, refleja situaciones oníricas, que son fruto de pesadillas y alteraciones mentales, y es por ello que podemos considerarla como precursora del expresionismo y del surrealismo. 
En ella la imaginación y los sentimientos del artista adquieren el protagonismo, atraídos por lo misterioso, lo perturbador, lo esotérico, y siempre planteado desde el punto de vista emocional. Es mas a la vez que el artista plasmaba sus sentimientos místicos, también conjugaban otros de carácter erótico y, alguna que otra vez, en cierta medida, perversos.
Este movimiento tuvo, como ya he indicado, en Francia, su mayor apogeo, con artistas como Gustave Moreau, Pierre Puvis de Chavannes y Odilon Redon. Sus escenas de ensueño aparecen siempre ambientadas en un mundo irreal.
Esta forma de plasmación del sentimiento encontró en el británico Edward Burne-Jones a su mejor referente, sobre cuya obra en general, estoy obligada, por emoción y devoción, a tratar mas adelante, extensamente.
Mas ahora, me detengo en una obra, un óleo sobre lienzo, que se encuentra en el Museo D´Orsay de Paris, y que tiene por título LA RUEDA DE LA FORTUNA, datado entre los años 1875-1883, y que está considerada como una obra capital del movimiento Prerrafaelista.



En esta singular pintura de forma alargada se nos muestra representada la diosa de la Fortuna, girando una rueda que simboliza el motor del mundo. Unidos a la rueda podemos contemplar tres figuras: un esclavo con los pies encadenados, un rey que porta en su mano un cetro y un poeta. Es de especial importancia las sombras que marcan los cuerpos musculados de los personajes y les conceden un aspecto terrenal, y ello pese a la idealización con la que fueron creados. La Fortuna no puede ver quién está en la rueda, puesto que es ciega, de ahí que aparezca con los ojos cerrados, y por lo tanto su poder es indiscriminatorio. Es de esta forma, que haciendo girar la rueda de la fortuna, el rey puede quedar a expensas de un esclavo. Es de destacar el tamaño cuasi monumental de la diosa, lo que pone de manifiesto que el curso de la vida -de la rueda- depende de ella. Su aspecto, nos ofrece una sensualidad marcada, si observamos detenidamente los pliegues del vestido que ciñen sus formas, un vestido en forma de toga antigua, con un estilo de plegado que podríamos calificar como boticelliano, pues está admirablemente dibujado; además, los desnudos se inspiran en las figuras realizadas por Miguel Angel para la Capilla Sixtina. 
El plano del lienzo está del todo ocupado por los cuerpos y la rueda, los colores dominantes van de los grises acero a los morenos, haciendo de esta forma que se intensifique la atmósfera, ya de por sí sofocante y la impresión de una fatalidad irremediable.
En esta obra, Burne-Jones nos lleva al planteamiento iconográfico propio de la Edad Media, no en vano los temas mitológicos y las leyendas, amén de todo tipo de historias medievales eran sus temas favoritos.

Sección de La Diosa

Bellísima sección del rostro de la Diosa

Torso

"Mi rueda de la Fortuna es una imagen verdadera; viene a buscarnos, cuando le toca a cada uno, y luego nos aplasta"

Edward Coley Burne-Jones tenía su vida destinada al sacerdocio, mas gracias a su compañero de estudios William Morris, con el que coincidió en Oxford, empezó a interesarse por el arte. 
Fue discípulo de Rossetti, desarrollando, como hemos podido apreciar, un estilo esteticista, mas su inclinación por las formas clásicas y mas alargadas le acercan a Botticelli. Trató muchos temas medievales y míticos, y para nada gustaba de los planteamientos que hacían los impresionistas, cuyos temas los describía como "paisajes y putas".
La exposición de su obra empezó hacía 1877, y alcanzó una gran popularidad no solo en su país, sino también en el extranjero. Muchas de sus mejores obras las realizó en colaboración con William Morris, en su faceta de diseñador de vidrieras y tapices, y como ilustrador de libros para la Kelmscott Press. La mejor colección de su obra la podemos encontrar en la City Art Gal, en Birmingham, su ciudad natal.


Mas no puedo despedir este "post" sin ofreceros una muestra de lo que es parte de la obra de Burne-Jones, a la que no he podido resistirme y que seguro estaréis conmigo, en que dejar de admirar esta belleza, te hace merecedor de un castigo de la Diosa Fortuna.

El Espejo de Venus

El hechizo de Merlín

Galetea

La roca del destino

La bella durmiente

Sencilla y definitivamente, DELICIOSO.

BUEN DÍA A TODOS

http://directoriohispanodelasartes.com/pura-kastiga/

Fuentes: Museo de Orsay-Museos del Mundo.
Wikipedia.

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