martes, 11 de mayo de 2021

MURANO.- EL CRISTAL COMO HISTORIA.


El cristal es el protagonista de este espacio de hoy, si bien en el caso que nos ocupa es un "cristal" más que especial, siendo el CRISTAL DE MURANO uno de los más hermosos que existen, y cuya historia es la que pasamos a conocer, teniendo en cuenta que destaca por su belleza exclusiva, utilizándose para la confección de las más variadas piezas.




En Murano, pequeña isla de la laguna Véneta, situada en el noroeste de Italia -en la conocida región del Véneto-, la geografía es un delicioso conjunto de casas, de estilo renacentista, en la que destaca un singular faro blanco. Y es en este pequeño enclave en el que se fabrica desde hace siglos el más hermoso cristal del mundo, realizado totalmente a mano, y mostrando lo que puede conseguirse "sencillamente" a base de soplar vidrio.




Una indicación del todo necesaria: el vidrio es el resultado de la fusión de diferentes elementos, tales como la caliza, el sílice o el carbonato; el vidrio es un material de carácter inorgánico y que se realiza artificialmente, en tanto el cristal tiene forma homogénea y su su estructura interna está muy ordenada.






La producción de objetos a base de cristal es un arte cultivado, a lo largo de los siglos, por maestros vidrieros y que ha sido transmitido de generación en generación. Es más, esta tradición tuvo su origen en el antiguo Egipto y fue llevada a las casas romanas nobles con la finalidad de servir de adornos para las mismas; no obstante, fue la influencia árabe y asiática la que convirtió esta tradición en ARTE, con mayúsculas.






El hecho cierto es que la fabricación de vidrio es una actividad extremadamente peligrosa y que requiere especial cuidado, de ahí que en el siglo XIII, la Serenísima República di Venecia ordenara que todos los hornos se llevaran a Murano -a su vez integrada por siete pequeñas islas que se conectan por el Gran Canal-. Es más las restricciones llegaron a tal extremo que se prohibió a los artesanos salir de Murano, a fin de que no pudieran dar a conocer su actividad y sus diseños.





Durante muchos años Murano llegó a ser el mayor productor de cristal de Europa, y sobre todo gracias a sus deliciosas arañas de luces.

Pese a la prohibición para con los artesanos de salir de la isla, muchos de ellos consiguieron escapar y  se establecieron en diferentes países extranjeros, como el Reino Unido, la República Checa y Alemania; precisamente, una de las mayores crisis que sufrió la industria local fue el hecho de que Bohemia, a partir del siglo XV, empezó a a producir vidrio artístico.





Uno de los acontecimientos que vinieron a dar reconocimiento mundial al cristal de Murano tuvo lugar en el año 1959, cuando Paolo Vernini invitó a la isla a un artista americano Thomas Stearns Stearns, quien sin conocer ni el idioma, pasó tres años consecutivos en un pequeño taller realizando un reducido número de obras junto al maestro del taller, llamado "Checo" Ongaro. Pese a su imposibilidad de comunicación verbal y determinados roces personales, ambos consiguieron crear una serie de piezas que han pasado a la historia por su belleza y delicadeza. Tanto es así que ello le valió a Stearns la medalla de oro por sus diseños en la Bienal de Venecia, en 1962; no obstante, cuando el jurado descubrió que detrás de estas magníficas obras no estaba un artista "italiano" le retiró el premio.





Pese a este desaire, Stearns continuó trabajando y fomentando la popularidad del cristal de Murano, pues abrió las puertas de la isla y de sus fábricas artesanales a cientos de artistas y diseñadores de éxito, lo que convirtió a Murano, entre 1920 y 1970, en un centro artístico excepcional.

Grandes genios del arte, como el arquitecto Carlo Scarpa, el escultor Napoleone Martinuzzi o el diseñador Fulvio Bianconi consiguieron hacer del cristal de Murano un firma, un sello internacional, sin olvidar a Ercole Barovier, Vittorio Zecchin, e incluso la nieta de Venini, Laura Santillana dieron ese toque mágico a los diseños.





Fue a partir de la segunda mitad del siglo XX que los grandes artistas de Murano apostaron por dar a sus trabajos una visión del todo original y colorista: como pueden ser las llamadas "murrinas" de colores brillantes, o la técnica del "pezzato", consistente en la fusión de cuadrados de vidrio también de preciosos colores con la forma de un recipiente; la llamada "mezza filigrana" -técnica por la que se consiguen suspender hilos superfinos de vidrio de color dentro de un recipiente de cristal-, lo que daba la impresión visual de un encaje.






Pese a este éxito, resultado del trabajo y la investigación en diferentes técnicas, el mercado del vidrio conoció de una fuerte caída, a finales de los años 80 del siglo XX, como consecuencia de las falsificaciones; no obstante, el cristal de Murano volvió a situarse en lo más elevado de la calidad artística gracias a una retrospectiva de Carlos Scarpa que se llevó a cabo en el Metropolitan de Nueva York y en Le Stanze del Vetro de Venecia.





Actualmente, las obras nacidas de Murano tienen un precio de cotización de entre 500 a 200.000 euros, y ello con independencia de la belleza tan particular de cada una de ellas, y la tradición que siempre ha gozado la firma.







Fuentes:
Wikipedia.
https://www.ecured.cu
https://okdiario.com
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