lunes, 23 de abril de 2018

LA CISTERNA BASÍLICA DE ESTAMBUL.





Buen día, estimados lectores, hoy damos paso a una historia un tanto curiosa y del todo impresionante, de la que seguro muchos de vosotros no conocéis su existencia (confieso que yo tampoco, hasta que busqué información al respecto), y es la existencia, en perfecto estado, de la conocida como Cisterna Basílica -en turco, Yerebatan Saryi "Palacio Sumergido, o Yerebatan Sarnici "Cisterna Sumergida"- construida bajo la maravillosa ciudad de Estambul, y que es la más grande de un total de 60 que datan de la época bizantina.



Su construcción se llevó a cabo durante el reinado del que fuera emperador bizantino Justiniano I, y a pesar de su tamaño e insuperable belleza, fue completada en pocos meses, pues tenía como finalidad el  abastecimiento de agua a la ciudad en el caso de que fuera destruido, a raíz de un conflicto bélico, el Acueducto de Valente.


Según fuentes históricas se encontraba situada debajo de una gran plaza pública en el conocido como Capitolio de Constantinopla, la Stola de la Basílica, más existen diferentes versiones al respecto que hablan de la existencia de otra basílica en dicho lugar, y si bien, como antes ha quedado señalado su ejecución la debemos a Justiniano I, es imprescindible reconocer la preexistencia de una estructura anterior que fue reconstruida.



Su finalidad no era otra que la de abastecer de agua el Gran Palacio de Constantinopla, amén de otros edificios de rango institucional, posteriormente, con el paso del tiempo, proveyó de agua al Palacio de Topkapitras, a raíz de la conquista otomana hacia el año 1453 e incluso fue de utilidad durante bastante tiempo, más la predilección de los otomanos por el agua corriente sobre la almacenada, llevó a que esta singular cisterna dejara de cumplir su misión.




Su descubrimiento lo debemos al investigador holandés P. Gyllus, allá por el siglo XVI, después de conocer las historias que contaban los habitantes de la zona, al afirmar que debajo de algunas de las viviendas existían pozos y en algunos se podía ver peces. Es así como Gyllus consiguió descubrir las escaleras por las que se accedía a la gran cisterna, lo que le sirvió de material para escribir un libro de viajes.
No obstante, para llevar a cabo una restauración adecuada hubo que esperar hasta bien llegado el siglo XIX, empezando siendo utilizada como almacén de madera.


Más la belleza del emplazamiento y el arte que se podía descubrir en dicha estancia hizo posible que, entre los años 1985 y 1987, se procediera a efectuar una limpieza exhaustiva, con la finalidad de convertirla en destino turístico.
Y para hacernos una idea de lo impresionante de la estancia baste decir que el tamaño de la cisterna es el equivalente al de una catedral, cuya cámara subterránea abarca 143 metros por 65 metros, en total hacen una superficie de 8.200 metros cuadrados, con capacidad suficiente para almacenar hasta 100.000 metros cúbicos de agua.


El techo está sostenido por un total de 336 columnas de mármol, con una altura de 9 metros de alto, dispuestas en 12 filas de 28 columnas, existiendo entre las mismas una separación de 4,8 metros.
Su estilo está considerado como jónico y corintio, siendo de éste último un total de 98 capiteles, en tanto sólo unos pocos lo son dórico y carecen de grabados.
Las inmensas columnas fueron transportadas desde distintos templos paganos de Anatolia.


Son nada menos que 52 los peldaños que nos llevan a este enclave tan sugerente, cuya agua procede de los bosques de Belgrado, situados a 19 kilómetros al norte de la ciudad, por medio de un acueducto construido por el antedicho Justiniano I.
Antes de la que fuera su restauración definitiva, la Cisterna Basílica fue objeto de diferentes reformas, para su mantenimiento y conservación, una de ellas en 1723, llevada a cabo por el arquitecto Mehmet Aga de Cesárea, siguiendo las instrucciones de Ahmed III, y una segunda durante el siglo XIX, bajo el mandato del sultan Abdul Hamid II.



En pleno siglo XX fueron nuevas las reparaciones que llevaron a reforzar ocho columnas y en 1968, la restauración lo fue por lo que respeta a grietas en mampostería y columnas. La restauración definitiva llevada a cabo en 1985, lo fue a instancias del Museo Metropolitano de Estambul y dos años más tarde, el 9 de septiembre de 1987 fue abierta para deleite del público.




Es del todo curioso destacar la existencia en la esquina noroeste de la cisterna de dos columnas cuyas bases tienen el rostro de Medusa, cuyo origen es un tanto desconocido, si bien se especula con el hecho de que proceden de algún edificio del último periodo romano del que fueron retiradas; eso sí, como siempre, existe una leyenda en el sentido de que los bloques con las cabezas están orientados hacia los lados y boca abajo y ello con intención de evitar la terrible mirada de la gorgona.


Estambul

Curiosos son los lugares que, en gran medida, desconocemos que forman parte y más que significativa de nuestra historia y que constituyen un delicioso medio de descubrir el encanto y la capacidad de los pueblos de diferentes épocas, en su deseo de pasar a la posteridad y de crear infinita belleza.

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Fuentes: Wikipedia.
Historia. National Geographic

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