sábado, 11 de octubre de 2014

JOSEPH CONRAD: EL DISCURSO SOBRE LA CONDICIÓN HUMANA.

"Creí que era una aventura y en realidad era la vida"
(Joseph Conrad)



Buen y venturoso día de sábado, con el que cada vez mas damos paso a un otoño, que nos ha capturado por completo.
En mi deseo de mostraros todo lo que el mundo de la cultura puede aportarnos, hoy nos detenemos en la LITERATURA y con un protagonista de excepción: JOSEPH CONRAD, o quizás mejor, podríamos llamarle por su verdadero nombre Józef Teodor Konrad Korzeniowski, por su origen polaco. 

Imagen de juventud

Mas para abreviar nos atendremos al nombre con el que firmó su abundante y mas que magnífica producción, JOSEPH CONRAD, y de él podemos afirmar que nació el 3 de diciembre de 1857, en Berdyczow, entonces Polonia, actual Ucrania, y que falleció en la localidad inglesa de Bishopsbourne, el 3 de agosto de 1924.
Su nombre polaco al que he aludido fue sustituido por Conrad, cuando adoptó la nacionalidad británica.
Sus orígenes se remontan a una familia perteneciente a la baja nobleza de Berdyczew; en tanto  su padre se dedicaba tanto a la actividad literaria de escritor y traductor de Shakespeare y de Victor Hugo, como al activismo político del nacionalismo pola, como consecuencia, una condena a trabajos forzados en Siberia. Su madre murió de tuberculosis durante los años que hubieron de permanecer exiliados, y el padre también falleció cuatro años mas tarde, estando de regreso en Cracovia.
Es así que huérfano de padre y madre, y con solo 12 años, marchó a vivir bajo la tutela de su tio Thaddeusa a Lvov, ciudad que pertenecía al imperio astro-húngaro, para posteriormente dirigirse a Cracovia donde terminó sus estudios de secundaria.
Poco convencido de que las letras fueran a formar parte de su futuro (craso error) con 17 años marchó a Italia y a Marsella, donde se enroló como marinero en el buque llamado "Mont  Blanc", en el año 1875. Esa mas que especial experiencia marcaría, para el resto de su vida, y su posterior obra, también, pues le enseñó el gusto por los viajes, la aventura y por el mar. Fueron cuatro años durante los cuales navegó en distintos barcos mercantes franceses, y también luchó en España en las guerras carlistas en las tropas de don Carlos, a la vez que vivió una mas que triste historia de amor que a punto estuvo de costarle la vida.


Sus ratos libres, en las grandes travesías los dedicaba a la lectura, fundamentalmente de Shakespeare, lo que le valió un perfecto conocimiento del idioma inglés.
Su ascenso dentro del mundo de la marina continuó pues se presentó a los exámenes para conseguir ser oficial de la marina mercante británica, y llegó a navegar en el "Duke of Shutherland", "Highland Florest", "Loch Etive", y "Palestine", amén de que posteriormente obtuvo el título de capitan, desempeñando tal cargo en navíos como "Torrens" y "Otago", este de bandera australiana.


Mas pese a que su aventura marina le sirvió de inspiración para muchas de sus obras, el hecho cierto es que, como buen "marino", que fue Joseph Conrad, durante los últimos treinta años de su vida llevó una vida del todo sedentaria. Nada le hacía sentirse mas a gusto que permanecer encerrado en su estudio, en el que pasaba horas y horas, trabajando sin parar, y en una especie de compulsión creativa.

Su esposa

Su primera novela, titulada "La locura de Almayer", publicada en 1894, coincidió con el último viaje que realizó a Australia, y con su casamiento con la que fue su mujer durante toda su vida, Jessie George. Ambos pasaron su existencia en el sur de Inglaterra, ya dedicado Joseph Conrad, exclusivamente, a lo que fue su labor como literato. Es a partir de entonces cuando empieza a publicar "Un paria en las islas", "Salvamento", "El negro del Narcissus", que tiene como protagonista a un marinero negro, y "Una avanzada del progreso".



Gracias a su especial relación con la literatura, tuvo la mas que importante oportunidad de conocer a Rudyard Kipling, a Henry James y a H.G. Wells, colaborando con Ford Madox Ford, en la novela "Los herederos".
En 1900 escribe "Tifon" y "Lord Jim", en ésta última explora el concepto del honor a través de las acciones y sentimientos de un hombre que se pasa la vida intentando expiar su cobardía durante un naufragio ocurrido en su juventud.


Su producción se incrementa con obras, de carácter un tanto desigual, y otras mas trabajadas, obras como "Nostromo", "El espejo del mar" y "El agente secreto", sobre los anarquistas londinenses, "Bajo la mirada de Occidente", ambientada en la Rusia que tanto sufrió la represión zarista, "Victoria", que desarrolla su trama en los mares del sur; y el relato "El corazón de las tinieblas" -he de reconocer que es mi favorito-, y que abunda en las terribles profundidades de la corrupción humana.



Si nos atenemos al contenido general de sus obras, destilan una cierta tristeza, mas ello no le impide su estilo rico y generoso y una técnica narrativa muy pulida, amen de que sus personajes tienen una mas que sólida construcción.
Hacia 1913 recibe la visita de Bertrand Russell y Conrad se desplaza a Cambridge. En 1914 viaja a Polonia, pero con el estallido de la Primera Guerra Mundial,os Conrad no tienen mas remedio que volver a Inglaterra. En 1916, el Almirantazgo le encarga diversas comisiones de reconocimiento por varios puertos británicos. 
Finalizada la guerra marcha a Córcega y en 1923, viaja a los Estados Unidos. Poco antes de su fallecimiento. 3 de agosto de 1924, rechaza un título nobiliario que le ofrece el Gobierno inglés.



Su obra nos anima a contempla y a explorar en la vulnerabilidad, así como en la condición moral del ser humano.
La vida literaria de Joseph Conrad tuvo una mas que fructífera calidad y cantidad, pues se extendió a lo largo de treinta años, entre 1895 y 1924. Fue precisamente, durante el primer tercio de este periodo en el que consiguió todo lo que se propuso, y para ello podemos afirmar que acaparó un estilo, de gran poder, con una altura de dicción y de pensamiento de la que la literatura inglesa, y solo su representante Henry James, conseguía alcanzar. Fue al final de ese tercio tan especial, cuando Joseph Conrad se decidió por escribir libros de memorias e impresiones, en los que pudo crear libremente un estilo mas que personal. Es notable su creación, tanto de piezas, cortas, de entre 30 y 100 páginas, en las que igualmente muestra su cuidado estilo literario, como de novelas mas extensas, en las que Joseph Conrad nos ofrece un mas que preciado discurso sobre el poder y la fuerza de la condición humana.

Y ya que hemos explorado un poco la biografía y la obra de Joseph Conrad detengámonos por unos momentos en aquéllos detalles que hacen que los grandes hombres sean, en definitiva, personas normales y corrientes, con sus defectos y virtudes. Sobre Joseph Conrad podemos contar varias anécdotas, entre ellas, la costumbre que adquirió, cuando habiendo abandonado la navegación, su indumentaria casera se limitaba a un albornoz del todo descolorido y de rayas, y que inevitablemente usaba tanto si tenía visitas, como si se encontraba en plena fase de creación literaria; eso sí, a la esposa de Joseph no le hacía maldita la gracia. Y otra cosa, manías, eso sí, siempre tenía un cigarrillo en la boca, mas cuando se le ocurría lo dejaba encendido, en cualquier sitio, con lo cual la mayoría de sus muebles, ropas, y enseres estaban quemados, con la consiguiente marca de cigarrillo. Es mas, acostumbraba a sentarse frente a una estufa, con el peligro de que el "albornoz" en cuestión saliera ardiendo.

Con su esposa e hijo

Joseph Conrad era un hombre de un carácter mas que distraído, mas también era sumamente irritable, ante cualquier mínima contrariedad. Eso sí, de la misma forma que se irritaba, dejaba de estarlo, como si no hubiera pasado absolutamente nada, lo cual dejaba atónito a todo el que estuviera presente en unos de esos ataques "fugaces".
Era una persona que vivía en una continúa tensión, que se continuaba con largos silencios, y ello aunque estuviere en compañía de amigos con los que mantenía una tertulia. Asimismo, era un gran lector, tal y como se inició como marinero en sus primeros viajes, gustaba de Keats y odiaba a Shelley, mas a quien mas detestaba era a Dostoyesvski, al que odiaba, en primer lugar, por ruso, por loco y por confuso. Eso sí, admiraba y leía con frecuencia a Flaubert y a Maupassant. 



Y para finalizar, como muchas veces que trato temas literarios, en los que inserto poesías, esta vez, al ser nuestro protagonista un escritor en prosa, os propongo un fragmento de su novela -mi favorita- "El Corazón de las tinieblas"...
Espero tentaros con su lectura.

"La tierra parecía algo no terrenal. Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal, y los hombres eran... NO, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aullaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles; pero lo que estremecía era pensar en su humanidad -como la de uno mismo-, pensar en el remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Si, era francamente desagradable; pero si uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ello un significado que uno -tan alejado de la noche de los primeros tiempos- no podía comprender. ¿Y por qué no? La mente del hombre es capaz de cualquier cosa, porque está todo en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Júbilo, temor, pesar, devoción, valor, ira -¿cómo saberlo?- pero había una verdad, la verdad despojada de su manto del tiempo. Que el necio se asombre y se estremezcla; el hombre sabe y puede mirar sin parpadear".

¡ INSUPERABLE!


BUEN DIA A TODOS

Monumento a Joseph Conrad, en Gdynia (Polonia)

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