viernes, 3 de octubre de 2014

ZENOBIA CAMPRUBI.- RETRATO DE UNA MUJER SOMETIDA.


Buen día, estimados lectores, hoy nos vamos a ocupar de conocer la personalidad de una mujer excepcional, de la que mucho se sabe, pero que hasta cierto punto, prefiere mantenerse oculto, en un segundo plano. Estoy hablando de Zenobia Camprubí, esposa que fue de nuestro Premio Nobel Juan Ramón Jiménez y la vida que ambos compartieron, si por vida puede llamarse lo que a Zenobia le tocó por padecer hasta resultarle habitual, y todo ello, aparentemente, dentro de la "normalidad". 



Es desde hace prácticamente un par de siglos que los seres humanos nos hemos empezado a cuestionar por qué en las diferentes sociedades los papeles asumidos por hombres y mujeres son distintos y, a veces, contrapuestos. Conocemos culturas en las que el matriarcado ha significado la anteposición del poder dentro del ámbito familiar, fundamentalmente, de la mujer, mas también, en la mayoría de las civilizaciones, ha correspondido al varón el poder de controlar, como consecuencia del papel mas que necesario de la mujer en la procreación y subsistencia de la especie.




En muchos casos de personalidades sobresalientes, se ha mencionado esa frase, tan conocida por todos como que "detrás de un gran hombre, hay siempre una gran mujer". Es algo que me parece una necedad, amén de una falsa interpretación de la situación que vive una pareja, y que deriva en una convivencia y en una forma de repartirse los roles dentro de su propia comunidad. Mas la historia nos ha demostrado que han sido muchas las mujeres que han destacado por su talento, tanto dentro del ámbito de la literatura, la pintura, la escultura, las ciencias....Revolucionarias, rebeldes, decididas a ser y mostrar todo lo que ellas mismas eran y podían ser capaces de crear, y, en absoluto, dejarse dominar por nada, ni por NADIE.




Es con estas palabras con las que doy paso a narrar la historia de esta mujer -ZENOBIA CAMBRUBI-, una mujer atrapada por los prejuicios sociales y el "amor", o lo que ella creía como tal, hacia el que fue su esposo Juan Ramón Jimenez.
Las personas tenemos conceptos distintos del amor, para unas supone una entrega, para otras un compartir, para algunas, una renuncia y una condena; este último fue el caso de Zenobia Camprubí.
Juan Ramón Jiménez hubiera necesitado de un estudio psicológico para llegar a conocer el alcance de su dependencia con respecto a Zenobia; era la suya una dependencia terrible, feroz y altamente destructiva. Aunque el se manifestaba enamorado de la que era su esposa, ¿cuál era el concepto de ese "amor"?. Pese a ello, muchos amigos y estudiosos de la figura literaria de Juan Ramón Jiménez pusieron todo su empeño en que durante muchos años esa "historia", la de la verdadera relación con su esposa, estuviera cubierta por un tupido velo.



Fue en el año 1991, cuando Gabriela Palau de Nemes editó y publicó la que sería la primera parte del diario de Zenobia Camprubí. De toda esta historia resulta lo que sería la narración de una patología, la vivida por la pareja Jimenez-Camprubí.

Pero empecemos por conocer unos pequeños datos de la biografía de Zenobia, antes de que conociera al que sería su "carcelero enamorado".
Zenobia nació en la Costa Brava, en el año 1887. Su madre era originaria de Puerto Rico, de una muy bien posicionada familia, en tanto que su padre era un ingeniero de Caminos de origen catalán. De niña, hablaba habitualmente en inglés, si bien también conocía el francés, y pasó varios años de su juventud en EE.UU., regresando a España en 1909. Era una joven culta, divertida, atractiva en su conversación, muy desenvuelta y moderna, para la España en la que se vio sumergida. Muy concienciada de las necesidades sociales y educativas de los niños, organizó una escuela para éstos, a la vez que colaboraba con distintas sociedades benéficas. 



Sus rentas provenían de su herencia materna, amén de que ella realizaba diferentes trabajos; así fue profesora de Lengua y Literatura en una universidad cercana a Washington, mas tarde en la de Puerto Rico, y poco antes de la guerra se dedicaba a atender una tienda de artesanía en Madrid, a la vez que ejercía de "decoradora" de apartamentos para extranjeros.
Fueron precisamente de estas ganancias de las que pudo sustentarse el matrimonio Jimenez-Camprubí, durante los años que convivieron, y fundamentalmente, también gracias a los empleos que, de forma intermitente, obtenía Zenobia. Ambos pasaron muchos apuros económicos, algo  que ésta manifiesta abiertamente en su Diario. 
Todo el que haya profundizado en la personalidad de Juan Ramón Jiménez sabe perfectamente que era una persona enferma. Con tal solo 19 años fue ingresado, por vez primera en un manicomio; el hecho que provocó tal circunstancia fue la muerte repentina de su padre mientras dormía. Al comunicárselo, sufrió un colapso psicológico tal que jamás pudo superarlo. Es de todos conocido que era un tremendo hipocondriaco, y que, a menudo, creía estar agonizando; ello le llevaba a no comer, ni acicalarse, a no hacer planes ni para el día, y mucho menos para el siguiente, por la sencilla razón de que ya se creía muerto. Era un maniático feroz, acumulador de todo tipo de periódicos y recortes de revistas, amén de que vivía sin que conocer el gusto de una brizna de aire en su casa, pues sus ventanas permanecían cerradas a cal y canto, todo el día, ya que temía por las corrientes de aire.



Eso sí, Juan Ramón Jiménez fue un hombre consciente de sus limitaciones, de sus manías, de sus miedos, y ello le hacía un hombre vulnerable, lo que le llevaba a sufrir muchísimo, y no obstante, a su vez, a ser un hombre mezquino y cruel.
No tenía amigos, y sí muchos enemigos, por citar, Bergamín, Alberti, Guillén, Neruda, Salinas. El único objeto de su ternura eran los animales y los niños.
En palabras de Luis Cernuda, era "una criatura ruin".
Y la forma de combatir todo este tipo de manías, fobias, rencores, no era otra que la de trabajar incansablemente, de forma compulsiva, intentando conseguir una obra mas que perfecta: una forma de ganarse a sí mismo.



Caso contrario fue el de Zenobia Camprubí, la cual, bajo la influencia de Juan Ramón fue dejándose destruir, como persona, y como mujer. Si durante su juventud y adolescencia fue una chica que destacaba por su desenvoltura y brillantez, con el tiempo, la convivencia con Juan Ramón, la hizo convertirse en una prolongación de éste, asumiendo con naturalidad todos sus defectos.
Zenobia vivía completamente dedicada a Juan Ramón, a acompañarle, cuando la requería, a cumplir con los planes establecidos siempre, previamente, y con total sumisión. Para Zenobia no existía una vida personal, existía la "vida" de Juan Ramón, copiándole  sus poemas una y otra vez, satisfaciendo sus mas que extraños caprichos.
Al carecer de recursos económicos el matrimonio vivía, de vez en cuando, en un pequeño cuarto de hotel, que estaba completamente ocupado por los periódicos y recortes que acumulaba Juan Ramón. Es, en definitiva una cueva, toda ello provocaba náuseas a Zenobia, que se veía cada vez mas atrapada, mas anulada.
Juan Ramón no soportaba ruido alguno a su alrededor, y ello obligaa a Zenobia a pasar sus días metida en el servicio.



Mas ha llegado el momento en que no le puede abandonar, es incapaz de tomar decisión alguna por sí misma. Hasta tal punto le lleva la necesidad a Juan Ramón de su continua presencia que a Zenobia se le detecta un tumor de grasa en el vientre, mas no puede operarse, porque EL no soportaría su distanciamiento. Zenobia se resigna a continuar viendo como ese tumor, que crece y crece dentro de ella, de la misma manera que mengua su amor propio, su persona.
Quizás uno de los episodios mas tristes en la vida de Zenobia sea el siempre postpuesto viaje que quería realizar a los EE.UU. donde residía su familia. Desde Cuba empieza una y otra vez a organizar el viaje, mas en última instancia, siempre es Juan Ramón el que pone alguna pega, y Zenobia, calla y no se marcha. Un año y medio para poder "organizar" el viaje en cuestión.
En su Diario, Zenobia se muestra cada vez mas convencida de que es mejor renunciar a enfrentarse continuamente a todos los inconvenientes que a cada una de sus propuestas le hace: salir y relacionarse, viajar...en definitiva, VIVIR.
Juan Ramón no es mas que un TIRANO, un tirado pacífico, delicado, jamás emplea la violencia, la suya es una sencilla y clara manipulación psicológica, de tal forma que consigue la destrucción de la persona objeto de su dependencia.


Pintura de Inmaculada Cuesta

Hasta tal punto llegó esa terrible dependencia, que al final de los días de Juan Ramón, estando éste ingresado en un centro psiquiátrico, los médicos aconsejan a Zenobia que es mejor que se aleje de él, más ella ya no puede. Se le detecta, en 1951, un cáncer de útero, del que es operada en 1951, mas se le reproduce en 1954. El tratamiento que recibe, a base de radiaciones, la quema completamente por dentro. En 1956, en Boston, los médicos asisten horrorizados a la situación física a la que ha llegado Zenobía, y sólo le dan tres meses de vida. En este momento, Zenobia decide volver a Puerto Rico y ocuparse de la vida y la obra de Juan Ramón, es decir, de poner orden en la que es "su otra vida".
Y es precisamente, al final de sus respectivas vidas, cuando ambos se reconocen el papel que han representado uno para con el otro. El la considera "la musa del genio". Y Zenobia que solo ve y mira por los ojos de Juan Ramón, siente y sufre por "el genio del genio", por fin, le da una razón a su existencia.
Zenobia Camprubí falleció, tras terribles sufrimientos, poco después de que Juan Ramón recibiera el Premio Nobel, mas ya apenas podía moverse. Su muerte tuvo lugar el 28 de octubre de 1956. Juan Ramón enloqueció de forma absoluta y tuvo que ser internado de nuevo, jamás volvió a "escribir" nada más....


Retrato realizado por Joaquín Sorolla

No hay vida mas terrible que aquélla que supone una renuncia a la propia vida, mas si ésta además es aderezada con miedos, fobias, manías y manipulaciones psicológicas, el resultado no es mas que la alineación mas absoluta. Zenobia Camprubí dejó de existir el día en que conoció a Juan Ramón Jimenez, allá por el año 1912, cuarenta y cuatro años de alienación, en todos los aspectos, ninguna persona debe pasar a la historia por semejante aberración.




"La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión"
EMILIA PARDO BAZÁN

BUEN DÍA A TODOS

Fuentes: Historia de Mujeres. Rosa Montero.

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